Más allá del laboratorio: Las mujeres que están rediseñando el futuro de la región.
El reto para los próximos años no es solo que más niñas entren a la ciencia, sino que más mujeres lideren laboratorios y dirijan empresas de tecnología.
Según datos recientes de la UNESCO y la CEPAL, las mujeres representan aproximadamente el 45% de los investigadores en la región, una cifra que supera el promedio mundial (33%), situando a Latinoamérica como una de las zonas con mayor participación femenina en investigación. Sin embargo, este protagonismo se diluye al entrar en el terreno de la innovación tecnológica "dura" y el emprendimiento de base científica (Deep Tech), donde la representación cae drásticamente. En un ecosistema que busca soluciones locales a problemas globales —desde el cambio climático hasta la medicina personalizada—, las científicas latinoamericanas no son solo una cuota de equidad; son el eje estratégico para un desarrollo económico más resiliente y diverso.
Los retos
A pesar del avance los desafíos estructurales persisten. Nos enfrentamos a tres barreras críticas:
La brecha salarial: En el sector STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), las mujeres en la región aún perciben ingresos entre un 20% y 30% menores que sus pares hombres.
El “túnel” de las TIC: Mientras que en salud y biología hay paridad, en áreas como Inteligencia Artificial y Computación, la participación femenina ha descendido en la última década, llegando apenas al 19% en algunos países.
Las cargas de cuidado: La falta de políticas de conciliación entre la vida científica y la familiar sigue obligando a muchas mentes brillantes a pausar o abandonar sus carreras en su etapa más productiva.
Mentes Brillantes: de los campos de cultivo a las estrellas
Para entender el impacto real de este talento, no hace falta mirar estadísticas, basta con conocer a las mujeres que hoy están resolviendo los problemas del mañana:
Raquel Chan (Argentina) – La guardiana de la seguridad alimentaria: En un mundo amenazado por la crisis climática, Raquel ha liderado una revolución biotecnológica. Es la mente detrás de la tecnología HB4, un desarrollo que permite que cultivos vitales como el trigo y la soja sobrevivan a sequías extremas. Su trabajo no es solo ciencia de laboratorio; es la respuesta para evitar hambrunas globales.
Diana Trujillo (Colombia) – Comandando la exploración marciana: Diana pasó de llegar a EE. UU. con apenas unos dólares en el bolsillo a ser una de las líderes más visibles de la NASA. Su papel como directora de vuelo y jefa de equipo en las misiones de los rovers Curiosity y Perseverance ha sido fundamental para que la humanidad entienda si hubo vida en Marte.
Aracely Quispe (Perú) – La ingeniera del telescopio más potente: Desde un pequeño pueblo en Lambayeque hasta la dirección de la misión del Telescopio James Webb. Aracely ha demostrado que el origen no define el destino. Su labor técnica permite que hoy estemos recibiendo las imágenes más profundas y nítidas del universo temprano.
Mónica Moraes (Bolivia) – La voz de la Amazonía: Como bióloga y ecóloga, Mónica ha dedicado su vida a entender y proteger la biodiversidad andina. Su liderazgo en el estudio de las palmeras amazónicas es crucial para las estrategias de conservación en una de las regiones biológicas más importantes (y amenazadas) del planeta.
¿Cómo seguimos?
El reto para los próximos años no es solo que más niñas entren a la ciencia, sino que más mujeres lideren laboratorios, dirijan empresas de tecnología y tomen decisiones en las juntas directivas. La “Destrucción Creativa” de la que hablamos en este medio debe empezar por romper los sesgos que impiden que el próximo gran descubrimiento latinoamericano nazca de una mente femenina.


